Mostrando entradas con la etiqueta Recuerdos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Recuerdos. Mostrar todas las entradas

lunes, 23 de julio de 2012

¡Quédate conmigo!

Vas llegando lentamente desde cualquier dirección y tu silbo alegre te va anunciando, repetido una y otra vez como una fiel letanía, sonoro, pausado, hermosa tarjeta de visita de mi primavera infantil que llega a mitad del otoño con la misma frescura.

Fiuuuuuuuuuuuuuuuuu Fiuí, Fiuuuuuuuuuuuuuuuuu Fiuí...

Cierro los ojos mientras te escucho llegar con tu andar calmado, como prometiendo un mundo con tu hermoso canto, y aquí estoy, como si te hubiera estado esperando muchos años sin saberlo.

Fiuuuuuuuuuuuuuuuuu Fiuí, Fiuuuuuuuuuuuuuuuuu Fiuí...

Primero veo las piernas circulares de tu fiel compañera y luego vas apareciendo tú, como brotando de un recuerdo, ajeno al tiempo, en distinta época, como en un cuadro viejo.

Fiuuuuuuuuuuuuuuuuu Fiuí, Fiuuuuuuuuuuuuuuuuu Fiuí...

Los dos estamos lejos de casa y tu acento son todos los acentos. Me dirijo a ti cámara en mano para inmortalizar un momento aunque no sea necesario: estás en mis olores, en mis sabores, en mis recuerdos,...

Fiuuuuuuuuuuuuuuuuu Fiuí, Fiuuuuuuuuuuuuuuuuu Fiuí...

Y te veo pasar a mi lado, con tu sonrisa de siempre, inmutable en años, de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo; y en otro lugar ya te van presintiendo, te escuchan llegar... AFILADOR.


miércoles, 16 de febrero de 2011

El Río de la Vida




A veces, cuando bajo hasta el río, recuerdo el paseo por otro, menos caudaloso tal vez, pero sí más rápido, más joven, más limpio. Es el recuerdo más revivido y quizás más hermoso de cuantos evoco últimamente, y eso que en los últimos años sufro de una tendencia cada vez más frecuente a recordar.

Hay quien dice que vivir con los recuerdos alejado del presente no es bueno. También hay quien afirma que, mientras recordamos, nos olvidamos de vivir. Yo creo que es posible que tengan razón, pero a mí me parece que, mientras evoquemos momentos felices, somos felices.

Siempre vuelve a mi memoria un paseo desde Pinos Genil, río arriba, hasta un pequeño prado junto a la ribera ("La tarde nos sorprendió sentados bajo el árbol reseco y agonizante, tu mano confiada tomó mi mano y fuimos dos ríos ávidos de encontrarse, ¿qué canción cantaba el agua? ¿qué música vibraba en el aire?..."). Hermoso Bellvitge que me diste un premio y yo, ¡pobre de mí!, no supe más que convertirlo en sueño -¿puedo darte un beso? ("...¿Recuerdas, amor, el beso de aquella tarde?")