miércoles, 30 de mayo de 2012

La carta


De junio del año 1980, junto a una montaña hoy extranjera, viene el eco de una carta de añoranza; hoy, 32 años después, es sólo un recuerdo





He doblado tu carta con el mismo gesto de tantas veces
y al mirar al monte recordé tu historia.
De tanto rememorarte acabé conociéndote mejor en la distancia
que cuando estuviste entre mis brazos.
La ausencia realizó el milagro
y nuestra imaginación hizo el resto.
Pudo haber sido una foto tuya o el deseo,
pero ansiosamente recorrí tus lineas imaginarias
y fue más fuerte mi ansia
de lo que pudieran ser mi valor y mi paciencia.

Hoy he doblado tu carta con el mismo gesto
que tantas veces y me sentí poeta.
Los versos que te he escrito
y los que pudieron haber sido míos
tuvieron que luchar contra la doblez y la mentira
para que pudiera sentirte más completa,
más cercana y más mía,
y fue de tu vientre el mejor regalo a cambio.

Hubiera podido ser una carta que no acabara
o un poco de tu aliento encerrado en un sobre,
pero fue lo mismo. La montaña me evocó
tu historia en la que se conjugaron dolor y miedo.
Y acabé cerrándola, con el mismo gesto
con que se cierra un libro una vez leído o con que se guarda
un cuadro sobre el arcón de un cuarto trastero,
para no leerla, para olvidarla,
hasta que otra carta, otro gesto, otra montaña
y, porqué no, otro escape de mi imaginación haga el resto.

Damián Jiménez Cuesta. Junio, 1980

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