martes, 20 de diciembre de 2011

Sombras que salen de la oscuridad




Hasta mí han venido recuerdos de otro tiempo, de una adolescencia casi dormida y que creía más enterrada: un monte mágico que guarda historias antiguas, una tiendita en una calle humedecida por la lluvia, una cena familiar que esconde ardientes miradas que se cruzan, de jóvenes inocentes y emocionados, encendidos, un bigote serio, una madre de ojos brillantes y voz cálida, cariñosa, un dulce meloso del que no consigo olvidar el sabor entre miles de sabores probados en toda una vida...

Hasta mí han llegado estos recuerdos y les he abierto la puerta febrilmente, con ansia, como queriendo asir con la mano al joven que no puede hablar ante miradas cómplices y divertidas y decirle que despierte al mundo, a la vida, al dolor. La mirada de aquel joven inocente no se ha perdido, estaba escondida en el fondo de este viejo en que ha devenido, pero su historia ya no es esta historia y seguro que aquella flor de primavera ya no es la misma.

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